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LA REFORMA DE GUSTAVO

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

La  Constitución de 1998 es una buena, excepto en la organización política: mantiene el divorcio entre elector y elegido –votación por lista. Su consecuencia ha sido congresistas irresponsables en pos del beneficio personal, o bloques obedientes a los intereses de un dirigente. Los diputados han bloqueado las propuestas de reforma.

Lucio Gutiérrez tuvo el mandato de la reforma política; dada la compleja condición económica que heredó, no pudo hacerla.

Correa ofrece la reforma, pasando por encima de la legislatura. El Presidente podría convocar a consulta popular con el proyecto de reformas de Gustavo Noboa, sin que el Congreso pueda objetar, ya que expiró el período para que se pronuncie.

La reforma de Noboa soluciona los principales problemas:

- elección por distritos, que establece una relación directa entre elector y legislador, con lo que existe rendición de cuentas;

- eliminación de alternos; se elimina la aberración que cada persona cuyo nombre haya constado en una lista de la cual ha salido elegido un diputado, es suplente; muchos son guardaespaldas o subordinados de algún jerarca político;

- La conformación de un senado, con representación equitativa de Costa y Sierra/Oriente;

- Despolitiza al órgano electoral;

- Convierte a la Corte Suprema en Tribunal Constitucional.

- Otorga al Presidente la posibilidad de, por una sola vez, disolver el Congreso, y entre tanto gobernar por decreto. Es una fuerza de disuasión para los legisladores que obstaculicen al Ejecutivo.

A Correa, quien al no haber presentado candidatos a diputado, carece de apoyo legislativo, le brinda la oportunidad de convocar a elecciones legislativas y ganar el más numeroso bloque.

El clamor de las reformas ha alcanzado tales proporciones que los partidos que controlaban el Congreso: PSC, ID y PRE, perdieron posiciones. Entre los re-electos de esos partidos, están algunos de sus mejores diputados: Torres del PSC y Páez de ID. Una abrumadora mayoría de los legisladores son nuevos.

Este flamante Congreso tiene la oportunidad de demostrar que no replicará los vicios del pasado. Deberá elegir sus dignidades sin re-editar vergonzosos episodios y de manera inmediata romper el candado constitucional.

El candado obliga a que transcurra un lapso prudencial entre el tratamiento inicial de una reforma, y su entrada en vigencia. La premura obliga a sacrificar este fusible.

Este Congreso debería inmediatamente iniciar el debate de la reforma; para cuando se posesione el Presidente de la República, buena parte del proyecto de Noboa ya está aprobado en primera, pudiéndose obviar la necesidad de una consulta popular.

Pero el Presidente Correa insiste en una asamblea para reformar la Constitución, pasando por alto al Congreso, lo cual para muchos constitucionalistas, es inconstitucional (los suyos sostienen lo contrario). Al conflicto que esto provoca se lo ha denominado choque de trenes.

La reforma política no requiere el enfrentamiento. Si el Presidente quiere el choque es por otro objetivo, que sería abandonar la economía social de mercado. Pero eso no fue por lo que el pueblo lo votó de manera tan contundente en la segunda vuelta.

Sí a las reformas, pero obviemos la asamblea y de ser posible, la consulta.

 

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