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EL EMPRESARIO AGRÍCOLA

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

Colombia cerró sus negociaciones del TLC. Se repitió lo que pasó con Perú: EE.UU. no aceptó excluir ningún producto agropecuario del acuerdo. Cuando se venzan los plazos, todo producto agrícola de los EE.UU. podrá entrar al Perú y Colombia sin pagar arancel; en sentido contrario, el azúcar queda excluido, aunque Colombia, como Centroamérica, consiguió aumentar su cuota.

Lo que logró Colombia son plazos más largos de desgravación para los productos que quería excluir. Pero desde un primer momento, Colombia y Perú importarán contingentes de productos sensibles, entre ellos arroz, con lo que desaparece el mercado para los excedentes arroceros ecuatorianos; surge la posibilidad de ingreso de arroz de EE.UU. por las fronteras ecuatorianas, cuando los precios sean altos.

Para el Ecuador, la disyuntiva es o firmar un acuerdo con los mismos lineamientos en lo agrícola que Colombia, con pequeñas modificaciones de acuerdo a nuestras necesidades particulares, o rehusar entrar a un acuerdo con los EE.UU., como preferirían algunos sectores indígenas y del empresariado agropecuario.

Aislarse es insensato. El Ecuador ha demostrado que es tan capaz como cualquiera de ser competitivo en actividades agropecuarias y pesqueras. Somos #1 mundial en el banano; #1 en América Latina en camarón y atún, y preponderantes en rosas. Lo que cabe es que los empresarios agropecuarios se definan a sí mismos en primer lugar como empresarios, y en segundo lugar, como ganaderos, arroceros, o lo que hoy en día constituya su principal actividad.

El empresario agrícola que piensa que el TLC lo puede perjudicar, debe ver sus alternativas: si puede tecnificarse para tornarse más competitivo y ganar con sus producciones actuales, o si debe reconvertirse hacia otras actividades agrícolas o ganaderas.

Hay arroceros en el país que pueden prosperar aunque los precios del arroz en el Ecuador sean similares a los del mercado internacional; hay ganaderos que pueden producir carne de tanta calidad como la argentina. Y hay una amplia gama de productos agrícolas que los EE.UU. importa, en los que el Ecuador puede ser competitivo.

La firma del TLC debería ser el detonante para que el sector público y privado se pongan de acuerdo en una agenda que favorezca la modernización del sector agropecuario y que permita crecer al sector industrial para que absorba la mano de obra rural que podría desplazarse al ganar la agricultura en productividad.

Particular esfuerzo se requiere en asistir a los campesinos en la reconversión. Deberán agremiarse, ya que los pequeños productores carecen individualmente de las herramientas para la reconversión y los conocimientos de mercados internacionales para saber dónde pueden ser competitivos.

Plata no falta: hay fondos petroleros para la reconversión. Y la Asociación de Bancos ha manifestado su voluntad de sumar esfuerzos con organismos multilaterales para conformar un fondo de $500 millones para crédito de largo plazo.

Lo que es necesario es que los gobiernos puedan dedicarse a gobernar, y no tengan que preocuparse de sobrevivir. Que los partidos políticos piensen en el país, y no en intereses mezquinos. Todo lo cual requiere que la sociedad civil les exija cumplan con su misión.

 

 


 

 

 

 

 




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