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DISOLVERÁN EL CONGRESO
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
El Presidente Correa anuncia que se propone disolver el Congreso mediante su mayoría en la Asamblea y reemplazarlo con una comisión legislativa.
Es una medida que se vislumbraba desde que los diputados de partidos manifiestamente democráticos aceptaron que el Presidente de la República destituyera a la mayoría legislativa de oposición y posesionase como legisladores a candidatos perdedores en las elecciones, una vez que concertaron con el Ministro de Gobierno su apoyo al régimen.
El insólito pretexto fue que el Tribunal Electoral, organismo de jerarquía inferior nombrado por el Congreso para que organice elecciones, tenía la potestad de destituir al Congreso porque éste no aceptó que se lo pase por alto en la convocatoria a consulta.
Se esgrimió la ficción que la Policía Nacional acató las decisiones del Tribunal Electoral, y obstaculizó el funcionamiento del Congreso, sin que el gobierno haya intervenido en el asunto.
Las huellas dactilares del Ejecutivo están diseminadas en la escena del siniestro.
Un gobierno no puede destituir a legisladores de oposición.
El sistema de democracia representativa surgió en Europa en países con monarquías absolutas. Los monarcas, para financiar sus gastos y sus guerras, buscaban elevar los impuestos, y la ciudadanía a cambio, exigía el derecho a participar en las decisiones del Estado. Gradualmente, la soberanía pasó del monarca, a los representantes del pueblo.
En el sistema parlamentario el cambio es total. Al monarca le quedan atribuciones simbólicas, y el poder Ejecutivo nace del Parlamento. En América las nuevas naciones introdujeron la figura de un Ejecutivo electo independiente del legislativo. Pero el Congreso, como el Parlamento, es el organismo que representa al pueblo, y el que fiscaliza al Ejecutivo, y no lo contrario.
El Tribunal Constitucional de Santiago Velásquez con entereza dictaminó la inconstitucionalidad de la destitución de los legisladores. Con tino esperó a que el país no estuviese técnicamente en período electoral: entre la proclamación de los resultados de la consulta, y antes que se convoque a elecciones para la Asamblea.
No hubo tiempo para promulgar el fallo. En cuestión de horas, las hordas de Alianza País, MPD y Pachakútik, bajo los ojos complacientes de la Policía Nacional, se tomaron las oficinas del Tribunal Constitucional, causaron destrozos, y buscaron a los tribunos para agredirlos físicamente; éstos lograron escapar gracias al profesionalismo de los integrantes de su escolta.
El reconformado Congreso destituyó al Tribunal Constitucional, y los tres partidos mencionados reemplazaron a sus hordas en el TC con sus intelectuales. Ese Tribunal surgido de esta manera tan grotesca dejó sin efecto la resolución del Tribunal legítimo, sobre tema tan central del ordenamiento constitucional, esgrimiendo el írrito argumento que existían fallas procesales.
Al Congreso, hoy el Presidente lo desconoce: ni siquiera asiste a la sesión solemne del 10 de agosto. La Asamblea dará el tiro de gracia al Congreso al cual el Presidente ya dejó incapacitado, y también se irá a su casa el Tribunal Constitucional de tan bochornosa actuación.
Queda la esperanza que contra todo vaticinio, la Asamblea no sea un vehículo para instaurar un régimen absolutista, y que restituya el ordenamiento constitucional.