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¿ADÓNDE, AMÉRICA LATINA?
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
2004 y 2005 fueron buenos años económicos para América Latina, con crecimiento de 5,8% y 4,5% anual, respectivamente, reporta el Banco Mundial (Birf) en su “Perspectivas para la Economía Mundial 2006”.
Pero este crecimiento se debe fundamentalmente al alto precio de los productos primarios, resultado de la gran demanda, sobre todo de la China, dado su crecimiento sostenido de 10%. Según el Birf, en 2006 ya no subirán los precios de esos productos, y se puede esperar un 3,9% de crecimiento para América Latina, el más bajo para todas las regiones de menor desarrollo del mundo.
La Cepal, en su Balance Preliminar del 2005, indica que los costos de producción de América Latina se han encarecido en relación a los del resto del mundo, particularmente por la apreciación de sus monedas en exceso de los avances en productividad. Esto disuade la inversión.
Como los precios de las materias primas son esencialmente los mismos en todo el mundo dada la libertad del comercio, la variable clave es el costo de mano de obra, por encima de la productividad.
En el caso del Ecuador, añadimos, no ha habido apreciación de la moneda, ya que es el dólar, pero hemos estado empujando al alza los salarios mínimos sin tener como contraparte avances en productividad.
El largo plazo es particularmente preocupante: el PIB per capita crecería 2,3% anual del 2006 al 2015, mejor que el África negra (1,6%), pero por debajo del Medio Oriente, y muy atrás del Asia, sostiene el Birf.
Las perspectivas son, como las ve el Birf, que América Latina vaya perdiendo importancia frente al resto del mundo, excepto el África tropical.
En su informe 2006 sobre “El Progreso Económico y Social de América Latina”, el BID advierte que para tener un crecimiento sostenido, es crucial el procedimiento de toma de decisiones, ya que no es cuestión que un país copie a ciegas lo que han hecho otros, sin antes adaptarlo a la realidad nacional.
Un buen procedimiento requiere un fuerte desarrollo institucional, con partidos políticos institucionalizados; una legislatura que se involucre de una manera constructiva en el proceso de adopción de políticas públicas; un sistema judicial independiente, y un servicio civil desarrollado, sentencia el BID.
La existencia de estas instituciones permite estabilidad en las políticas públicas, y su afinamiento para tornarlas más efectivas, con lo que se logra una tasa de crecimiento sostenida en el tiempo.
El ex Ministro de Hacienda de Chile, Dr. Eduardo Aninat, en conferencias que dio el jueves pasado en Guayaquil, explicó que el mayor enemigo del crecimiento sostenido es la volatilidad; tener unos cuantos años de crecimiento vertiginoso, seguidos de un colapso, sirve de poco, ya que se destruye lo avanzado.
Eso fue lo que sucedió en el Ecuador en 1983 y 1999. El resultado es que en 1994-2004, el PIB per capita del Ecuador ha aumentado sólo 1% anual. A ese ritmo tomaría 72 años duplicar el PIB. China, en contraste, duplica el PIB cada siete años.
Es la irresponsabilidad de los políticos, renuentes a construir consensos, lo que mantiene al Ecuador a la retaguardia del progreso.