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EN POS DE INVERSIÓN
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
El gobierno elaboró un “Código de la Producción”, proyecto de ley a enviarse próximamente a la Asamblea.
El Ministerio Coordinador de la Producción cultiva nexos con el sector empresarial privado. Pero como sus iniciativas disuenan con los discursos presidenciales y la Constitución de Montecristi, de claro sesgo anti-propiedad privada, siempre quedó la sensación que el Presidente no estaba comprometido con esas iniciativas.
Al enviar el Presidente el código a la Asamblea, manifiesta su disposición a mejorar el entorno regulatorio para la empresa privada. La mayor importancia del Código es que existe.
El nombre: Se nos viene a la mente el Código del Trabajo. Como si el Presidente quisiera decir, hay un código para los derechos de los trabajadores, y ahora otro para los inversionistas. Mensaje positivo.
Estas dos semanas las asociaciones empresariales han debido ocupadas desmenuzar el código, para entender qué es lo que se les ofrece. Porque el gobierno se mantuvo fiel a su práctica de no consultar la legislación con dirigentes gremiales.
Como el Nuevo Testamento, el Código tiene cuatro libros. Pero en la Biblia, el tema es único, abordado por cuatro evangelistas. Algún legislador podría impugnar el Código, ya que la constitución de Montecristi prohíbe las leyes trole.
Un libro es una nueva ley de Aduanas, que como señala el Comité Empresarial, bien podría enviarse por separado.
El Presidente propugna dar marcha atrás en la apertura de la economía que se inició a principios de los ochenta. Retomar la sustitución de importaciones, con políticas más complejas y mejor direccionadas. Un segundo libro tipifica las medidas de protección a la producción nacional así como fomento a las exportaciones que estarán a disposición del Comexi o el organismo que lo reemplace.
La ley se ciñe al sesgo de la Constitución de segmentar la economía en tres; el Estado para lo grande, micro y pequeña empresa para lo pequeño. El Estado debe a su vez apoyar activamente a los pequeños.
Aquello no lo suficientemente importante para atraer el ojo del Estado, pero demasiado complejo para la pequeña empresa, queda para las empresas de capital.
La ley es para el sector no estatal. Un libro está dedicado a los generosos beneficios que se otorgan a empresas micro y medianas. Otro, para la gran empresa incluida la extranjera.
Importante ley, susceptible a ser mejorada en la Asamblea. Un peligro que representa tan complejo cuerpo de medidas para sesgar el comercio e inversión es que requerirá de una frondosa burocracia para su administración.
Otro peligro: si ponemos los beneficios del código en un fiel de la balanza, y las políticas que se le contraponen en el otro, quizá éstas pesen más.
Pesa la falta de acuerdos de libre comercio con los mercados importantes. La inversión no va a venir para aprovechar los mercados de Cuba y Nicaragua; vendría para los de EE.UU. y Europa.
También pesan la creciente rigidez de la contratación laboral, y la expectativa que continúen las fuertes alzas salariales, lo que disuade la inversión en industrias intensivas en mano de obra.
En síntesis, un buen primer paso. ¿Pero vendrá la inversión?