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OTRA PERSPECTIVA
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
Escuché al Ministro de Industrias Javier Abad explicar la política industrial a empresarios. Su perspectiva contrasta con la que vengo esbozando en estas páginas. Los mismos elementos objeto de interpretaciones contrapuestas.
Hemos sostenido que el gobierno segmenta la economía en tres partes: estatal, corporativa privada y solidaria, constituida por microempresas, cooperativas, comunas, etc. Que el gobierno busca el crecimiento de los sectores estatal y solidario a expensas del corporativo privado por razones ideológicas: es socialista, considera que el valor lo crea el trabajo, no el capital. Por lo tanto toda acumulación privada de capital es la apropiación del fruto del trabajo.
Por eso el salario digno, la elevación al 35% de la tasa marginal de impuesto a la renta, el impuesto a la herencia, creación de empresas estatales, etc.
Hemos calificado de bipolar a la política industrial (columna de noviembre 1ero), contrastando el Plan de Desarrollo: que empresas públicas promuevan grandes proyectos industriales, con lo que impulsa el Ministerio de Coordinación de la Producción: profundización y diversificación industrial a partir de lo que hacemos bien.
La elocuente exposición del Ministro Abad describe una realidad distinta. El énfasis en el Plan para las industrias estatales es para producir insumos, como hierro y petroquímicos, hoy importados.
Son proyectos muy grandes que podrían hacer multinacionales. Pero las multinacionales no han venido al país bajo ningún gobierno. Incluso con la apertura de 1994, las multinacionales se fueron, para abastecer al Ecuador desde otros países latinoamericanos.
O los hace el Estado, o no se hacen nunca. Pero no para lucrar, sino para vender a mejor precio a la industria privada, que manufactura bienes de consumo, en lo que el Estado no va a entrar. La empresa privada se beneficiará; Estado y empresas son socios, recalcó.
Dio una explicación novedosa al cemento; existe el temor que Ecuador siga el camino de Venezuela, y que sus ataques a la Cemento Nacional, que la llevaron a posponer multimillonarias inversiones, podrían desembocar en estatización.
Todo lo contrario, señaló Abad: el gobierno fusionó Guapán y Chimborazo y buscó a una cementera portuguesa para que las compre, ponga plata y tecnología y conforme una tercera cementera competitiva; mas cemento, menores precios, consumidor favorecido; privatizar, no estatizar. Pero Cimpor quiso abusar y ofreció una pigricia, y por eso tenemos una cementera estatal.
La bipolaridad industrial también tendría una explicación. Lo que trae el Plan de Desarrollo corresponde al Ministerio Coordinador de Sectores Estratégicos bajo la batuta del Arquitecto Galo Borja. No tiene nada que ver con la política para la producción privada, bajo la Ministra Coordinadora Natalie Celi. Política aún en proceso de elaboración, aunque ya se han anunciado elementos bien recibidos por el sector privado, y que cuando se la revele no tendrá nada que envidiar al régimen peruano, o cualquier otro.
El problema con la lectura del Ministro Abad es que no se ancla ni en el Plan ni las declaraciones presidenciales. Quizá tome años antes que los empresarios adquieran confianza en la gestión gubernamental y hagan caso omiso de las descalificaciones, desplantes, y planteamientos antiempresariales en los documentos oficiales.