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SALARIOS DIGNOS
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
Tirios y Troyanos reconocen que Rafael Correa es un gran estratega político; que posee el don de comunicación con las masas que le representa un voto duro de un tercio del electorado, y cuando necesario, elevar la aprobación por encima del 50%. Tampoco nadie le niega su alta preparación en macroeconomía.
En ese contexto, no entiendo qué logra el Presidente con reiterar en noviembre que pondrá en vigencia un salario digno. Luego, que se mantendría el esquema de salario mínimo, pero que las empresas que no paguen el digno, no podrán repartir utilidades a sus accionistas.
El Presidente y sus asesores de comunicación obviamente estaban al tanto de las expectativas que generaría:
Los empleados de menores sueldos, que ganarían el equivalente a $320 mensuales, o que si no lo lograban, habría un reparto del 100% de las utilidades.
Los patronos, que más temprano que tarde, los únicos planes de negocios que sobrevivirán son aquellos que puedan pagar salarios de $320 mensuales o más.
En cuanto a las expectativas de los patronos, la adopción de un salario digno de $320 obliga a mejorar la productividad: lo que produce cada trabajador. Para lo que hay que invertir más.
Las empresas más intensivas en capital ya pagan esto o más a los trabajadores (y si no, el reparto de utilidades los lleva sobre ese valor).
Para las intensivas en mano de obra se torna necesario eliminar las plazas que no generan un ingreso suficiente para cubrir el salario: más desempleo.
La vez anterior que el Presidente sacó a relucir lo del salario digno o justo, observamos que en el segundo trimestre de 2009 se habían perdido 165 mil empleos plenos frente al segundo de 2008, y concluimos:
“En la disyuntiva entre ‘salarios justos’ y empleos en el sector formal, el Presidente anuncia que seguirá privilegiando los primero. Preparémonos para un mayor desempleo” (Agosto 16).
Eso se dio. En el tercer trimestre 2009 en relación al tercero de 2008, se han perdido 218 mil empleos plenos.
De ahí que funcionarios del régimen salgan a aclarar que el salario digno es una aspiración, que el alza para 2009 será modesta; que lo del no reparto de utilidades depende de un proyecto de ley que aún no existe. Con lo que apaciguan a los patronos, aunque queda en el ambiente que más adelante se tomará alguna decisión de esa índole.
Pero por otra parte, se elevaron las expectativas laborales de una fuerte alza de remuneraciones mínimas en enero. ¿Cómo van a explicar los dirigentes sindicales a sus bases que aceptan un alza salarial por debajo de lo anunciado los sábados por el Presidente?
Si el Presidente finalmente opta por una medida que nos acerque al salario digno, pagará por el lado del empleo, que junto con los apagones, es uno de sus dos talones de Aquiles. Si opta por un alza prudente, desencantará a parte del electorado cuyas expectativas alimentó.
En mi modesto entender, en ambos casos pierde; la insistencia en el salario digno fue un error. Pero dejo la puerta abierta a que los hechos me demuestren lo contrario.