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REACTIVACIÓN

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

El gobierno finalmente toma distancia de su posición que “aquí no ha pasado nada”, que se toreó la crisis internacional, que no hay recesión, sólo se desaceleró la economía, y que el año próximo crecerá 3,4%.

Lo que hace aterrizar al régimen son las cifras de empleo para el tercer trimestre, en el que el gobierno confía que la economía creció: en relación al mismo trimestre del año anterior se han destruido 218 mil puestos de trabajo formal. De cada 100 empleos formales que había un año atrás, han desaparecido 11,7. Difícilmente volverán.

En un año la población urbana de edad para trabajar debió aumentar 3%, reflejando la migración campo-ciudad y la tasa de aumento poblacional de hace 15-18 años.

Pero en lugar que la población económicamente activa crezca en 150 mil, disminuye en 107 mil: unos 257 mil ecuatorianos urbanos en edad de trabajar se han dado por vencidos (¿o satisfechos con el bono?) y ya no buscan trabajo.

Otros 82 mil pasaron al desempleo y 30 mil al subempleo o informalidad.

Sacudido, el gobierno decide alimentar el caldero económico con toda la plata a la que le puede echar mano: préstamos chinos, asignaciones del Fondo Monetario, y “fondos que tenía escondidos el Banco Central”, que quizá sean las reservas de oro.

Que un gobierno quiera salir de una recesión mediante gasto público es una receta keynesiana que hoy aplican todos los gobiernos.

Pero entre el caso ecuatoriano y los otros hay una gran diferencia.

En los otros países combaten el pesimismo en cuanto al ciclo económico: el consumidor no gasta por creer que puede perder el empleo; la empresa no invierte porque teme quedarse varada con la producción. El Estado entra a comprar, las empresas recobran optimismo, contratan más, los consumidores dejan de preocuparse, gastan. El círculo vicioso se torna en virtuoso.

Aquí, el pesimismo no es con el ciclo económico, sino con el futuro que busca el Presidente Correa y lo que implica para la empresa privada. “Fidel me dijo que no puedo privatizar todo en 2 años”, declara en Bolivia. Implica que lo hará en diez?

La economía no es de mercado sino solidaria, dice la Constitución; se supone que debemos dejar de competir para ganar más; hay que trabajar para darle a otros, y por patriotas. De “falta de nacionalismo” acusa la Ministra de Finanzas a los inversionistas que ya no lo son.

Lo que puede esperar el Presidente de su reactivación es que en efecto, la mayor demanda de los consumidores a los que ponga dinero en el bolsillo haga que las empresas produzcan más para venderles, y quizá contraten más empleados. Habrá más utilidades, pagarán más impuestos.

Pero no se incrementará la inversión para atender mejor la demanda futura: no hay certidumbre sobre a dónde nos llevan. En síntesis, no se crea el círculo virtuoso.

Cuando se acaben los $2.555 millones que el Presidente ha reunido, la economía se volverá a parar; el problema es interno, más que el entorno internacional.

Para entonces, se necesitará un tercer paquete de reactivación. ¿De dónde saldrán los fondos?



 

 

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