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¿Qué política industrial?

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

En enero, para evitar una crisis de balanza de pagos, el Gobierno puso diversas restricciones a las importaciones, que fueron aceptadas por los organismos que velan porque se mantengan los flujos internacionales de comercio, la OMC y la CAN –para el comercio subregional– bajo la condición que fueran temporales.

Las autoridades han ido desmantelando las restricciones, y hoy lo más relevante que queda es la salvaguarda cambiaria para las importaciones colombianas, que el Gobierno justificó por la devaluación del peso; consiste en no concederle a Colombia el beneficio de la desgravación arancelaria. Pero ya se anunció hace dos meses un cronograma de la devolución gradual de ese beneficio a Colombia.

Pero al anunciar el desmantelamiento, la ministra Nathalie Cely advirtió que no se iba a bajar el arancel para todos los rubros, ya que “hay ciertas industrias estratégicas parta el desarrollo y los aranceles se usarán para proteger industrias específicas”.

En otras palabras, las restricciones adoptadas en enero no se debieron únicamente al problema de balanza de pagos, sino también respondieron a una política industrial.

Este tema ya lo abordamos en nuestra columna de marzo 22, cuando el aspecto de política industrial de las medidas no se lo había manifestado de manera tan clara. El punto central que hice entonces, y repito, ya que continúa siendo válido, es que es indispensable decir ya qué aranceles van a quedar.

Lo que es más, no solo anunciarlo, sino concertarlo con las empresas multinacionales que importan esos productos terminados al país, para mantener los aranceles para los bienes que con una modesta protección se dejarían de importar, y liberarlo para los otros. Las multinacionales sabrían a qué atenerse, y por lo tanto procederían a montar las maquinarias que permitirían producir los bienes protegidos en el país.

En muchos casos, significaría la reactivación de instalaciones que se desmantelaron a partir de 1994 cuando el país se abrió a los bienes de consumo producidos en la subregión.

La política industrial está acogida en el Plan de Desarrollo. Senplades incluso lista las industrias que merecerán apoyo: petroquímica, bioenergética, biomedicina, servicios ambientales, metalmecánica, hardware, software.
¿Pero a base de qué se escogieron esos sectores? Aparentemente a base de los acuerdos con otros estados o por considerar que determinada industria es importante. Pero no porque se determinó que es posible hacerlo eficientemente en nuestra etapa de desarrollo.

Un estudio de Harvard presentado por el BID y con el auspicio del Ministerio Coordinador de la Producción muestra, con una lista totalmente distinta, a base de lo que países parecidos al nuestro exportan, y lo que venden al exterior los que han dado un paso más adelante hacia el desarrollo.

En esa lista constan confecciones de ropa, manufacturas sencillas de plásticos, frutas no tradicionales, mariscos de cultivo distintos al camarón, entre los más obvios. Luego también lácteos, jabones, cosméticos, electrodomésticos y productos de mueblería, como colchones.

¿Cuál, en fin, será la política industrial?

¿Proteger algunos bienes que hoy importamos de países vecinos?

¿Los “estratégicos” que menciona Senplades?

¿Los que tienen buenas posibilidades de éxito, del estudio de Harvard?

Definamos, pronto.

 

 






 

 

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