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FIN DE GRAN RECESIÓN
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
En el informe correspondiente a agosto del Federal Reserve de EE.UU., luego de analizar los indicadores disponibles, se dijo que la recesión se estaba desacelerando. En el informe de setiembre se asevera que EE.UU están saliendo de la crisis. Se prevé que la última compra de bonos del Tesoro de los EE.UU. por parte del FED sería en Octubre.
Europa tiene perspectivas menos alentadoras que EE.UU, ante la dificultad de coordinar políticas de países con moneda y mercado únicos pero con políticas fiscales y bancarias independientes.
China por su parte está entre las economías que mejor se batió ante la crisis, ya que dinamizó su mercado interno para absorber lo que no podía exportar.
Todo analista de nota se apresura en ser el primero en aparecer en las librerías con su explicación de lo que se tiende a denominar La Gran Recesión, y diagnosticar por qué no se cumplieron los peores presagios.
Pero antes de sacar el champán y celebrar, hay que recordar que “fin de la recesión” y “retorno del rápido crecimiento” son conceptos distintos. Fin de la recesión significa que la economía va a dejar de contraerse; pero puede quedarse estancada, o demorarse mucho normalizarse.
Ben Bernanke, Presidente del Federal Reserve, explicó recientemente que “aunque desde una perspectiva técnica la recesión probablemente ya ha finalizado, por algún tiempo más se va a sentir a la economía como muy débil”.
La demanda de bienes se encuentra deprimida en las principales economías, y las empresas no tienen apuro en aumentar su fuerza de trabajo; hay exceso de viviendas en manos de los bancos, sobre todo en EE.UU. y España, y por lo tanto la construcción sigue en virtual parálisis hasta que el exceso de oferta no sea absorbida por el mercado.
Lo que es más, las autoridades económicas de los principales países tienen que acertar, lo que no es fácil, en qué momento tienen que comenzar a retirar los fondos que inyectaron a la economía para impedir que la recesión degenere en depresión.
Si los retiran muy pronto, la recuperación sufriría un traspié y a lo mejor entramos en una segunda recesión.
Si se demoran mucho en retirar esos fondos, si bien la economía se recuperaría, también subirían los precios. Y para frenar la inflación sería necesario inducir una nueva recesión.
¿Qué significa esto para nosotros?
-No hay aún recuperación del mercado para nuestro camarón, banano, flores, atún; el sector privado exportador continuará deprimido por algún tiempo;
-Que si bien se espera que con el retorno del crecimiento el dólar vuelva a caer, favoreciendo a las exportaciones ecuatorianas, en los próximos doce meses la cotización de la moneda será errática;
-Aunque se estima que el actual precio del petróleo es el nuevo “piso” para que las petroleras busquen nuevas fuentes de hidrocarburos, mientras la recuperación no vuelva en firme puede haber una recaída en el precio, causándonos problemas de falta de divisas y restando dinero al fisco para cubrir sus compromisos.
En síntesis, las noticias son alentadoras, pero guardemos el champán para –a lo –mejor- descorcharlo el próximo año.