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DESAFÍO COMERCIAL

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

En enero las autoridades impusieron restricciones a las importaciones. A pesar que las medidas administrativas suelen traer grandes inconvenientes, hubo justificativos: con la crisis, el dólar se revalorizó frente a otras monedas, y las divisas de nuestros socios comerciales se devaluaron; adicionalmente, al caer el precio del petróleo, incurrimos en déficit de balanza de pagos.

Ante esta situación, hace diez años hubiéramos devaluado. Pero ese hoy nos está vedado por la dolarización. Por lo que se recurrió a restricciones comerciales para compensar la falta de política cambiaria, contrarrestar la pérdida de competitividad de nuestra producción, y asegurar que las divisas se destinen más a materias primas que a productos terminados.

Las medidas fueron tanto arancelarias como cuantitativas.

El Ecuador es parte de la OMC, organismo que vela porque se mantenga la economía mundial relativamente abierta. Los países la conformaron para evitar que cada país busque ser un mundo aparte y restrinja el comercio.

Hay el compromiso con la OMC de no superar un tope en los aranceles extraordinarios que se imponen para corregir los problemas del comercio. Las autoridades consideraron que el alza arancelaria era insuficiente para restringir las importaciones, y la complementaron con cupos de importación; esas son las medidas cuantitativas.

Con las restricciones, las importaciones cayeron. En abril se recuperó parcialmente el precio del petróleo, y la combinación del mayor valor de las exportaciones y el menor de las importaciones resultó en un comercio equilibrado. El gobierno logró su objetivo.

No sólo eso, sino que la protección a la producción nacional redundó en que algunas industrias aumenten su producción, a pesar del ambiente recesivo. El presidente manifestó su satisfacción con el efecto de las medidas.

A principios del mes la OMC aceptó las restricciones impuestas en respuesta a la crisis, pero informó al Ecuador que espera que hasta septiembre 1ro haya eliminado la mayor parte de las cuotas de importación, y que todas las restricciones se desmantelen hasta enero 22, al año de haberse tomado.

Pero el gobierno está comprometido con implementar una política comercial e industrial de sustitución de importaciones, en una versión más técnica y profesional de la que tuvo vigencia por décadas en el Ecuador hasta la crisis de 1982.

A partir de esa crisis, y hasta el advenimiento de Rafael Correa a la presidencia, el Ecuador, como otros países de Latinoamérica, optó por darle mayor libertad a la economía, proceso apoyado por la banca multilateral en el llamado “consenso de Washington” al cual el economista-presidente ha apodado “larga noche neoliberal”.

El gobierno no tiene intención de devolver al comercio internacional el nivel de apertura que tenía antes. Su desafío es cómo reemplazar las restricciones actuales con otras compatibles con los compromisos internacionales; no sólo con la OMC, sino también con los andinos y sudamericanos en general, con los cuales hemos acordado preferencias mutuas.

Es de esperar que este año el Ecuador ponga en vigencia restricciones para-arancelarias, tales como normas técnicas, requisitos ambientales, fitosanitarios y otros con el fin de proteger de la competencia externa a las actividades que se busca alentar para que crezcan: los denominados sectores estratégicos.






 

 

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