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CRISIS PARALELAS
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
Sorprende la similitud de la crisis financiera internacional con la nuestra de 1999. Titulo esta columna inspirado en Plutarco y su obra sobre las vidas de célebres helenos y romanos.
Ambas se cultivan en una laxa supervisión bancaria: la filosofía libertaria de Reagan aplicada a la banca. Las instituciones deben autorregularse; si se equivocan, los accionistas pagan las consecuencias perdiendo su patrimonio.
La banca se ideó cómo crear dinero. En 1992 Ecuador con un tipo de cambio casi fijo y altas tasas de interés atrajo capitales golondrina. En los noventa en EE.UU. se masificaron las operaciones secundarias que básicamente empaquetan y vuelven a vender créditos viejos.
En el epicentro del fenómeno estuvieron no tanto los bancos comerciales sino instituciones con habilidad para manejar dinero en principio captado por los bancos, y son precisamente estas instituciones las que inician el colapso: en nuestro caso las sociedades financieras, en los EE.UU. los bancos de inversión.
El entorno económico evolucionó hacia ganancias financieras extraordinarias en detrimento de la producción. Lo que los argentinos que vivieron una experiencia similar, denominaron “república financiera”.
En el Ecuador los bancos reconocían rendimientos alucinantes en los depósitos de corto plazo; “ripiar” entró en el léxico de la clase media: colocación de dinero en la banca por cortísimo tiempo. El rendimiento en los certificados de depósito fue asimismo estupendo.
En EE.UU., fue el alza sostenida en la bolsa de valores y el endeudamiento hipotecario para beneficiarse de la plusvalía, no como mecanismo de ahorro y adquisición de vivienda.
En Ecuador el gran incremento en las fuentes de fondos de corto plazo financió ambiciosos proyectos económicos, emprendidos por quienes tuvieron acceso a esos fondos, en ocasiones vinculados a la administración de los bancos.
Igual cosa en esta década en Islandia, país periférico del mundo desarrollado. Los bancos islandeses incluso captaron dinero de los fondos dotales de venerables instituciones europeas; en Reykiavik se cantaban loas a los empresarios que adquirían, con esos fondos, a importantes empresas de Europa. “Es el espíritu conquistador del vikingo” se decía.
La burbuja explotó, en el caso del Ecuador, por el desmedido gasto público mientras caía el precio del petróleo. En EE.UU., cuando la gente ya no pudo pagar sus hipotecas (no hay espacio para una explicación amplia).
En el Ecuador se aguantó la caída de algunos bancos y financieras a mediados de los noventa, pero no la cadena de quiebras de fines de la década. En EE.UU., cuando las autoridades decidieron castigar a un banco de inversión particularmente irresponsable, Lehman Brothers.
La opinión pública se volcó, en Ecuador y EE.UU., contra los banqueros. En EE.UU. repugna al público que con los millones de millones del salvataje los banqueros se paguen millonarias bonificaciones. Pero allá se optó por el salvataje para impedir las quiebras masivas; acá se optó por permitir las quiebras, y aún hay rezagos de la crisis de hace 10 años.
En Islandia, en cambio, los bancos y el Estado quebraron y el pueblo está contra los gobernantes y reguladores.
Finalmente, el caso Madoff muestra que en EE.UU., utilizando mecanismos mucho mas sofisticados, también hay notarios Cabrera.