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MENOS PALABRAS Y MÁS ACCIONES

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

El Ecuador retoma la política industrial, que fuera abandonada a principios de los ochenta con el colapso de la sustitución de las importaciones. Ha sido promulgada en el suplemento al registro oficial de febrero 26.

El documento pasa revisión al pobre desarrollo industrial reciente, y observa que: “Se evidenciaba… la ausencia del Estado como actor determinante que promueva el cambio necesario en la estructura productiva interna”.

Como explicación primordial de por qué no nos hayamos industrializado, se recurre a la trillada teoría de la dependencia. El sistema de comercio de la posguerra estuvo “enfocado en la protección de los intereses de las grandes potencias… países como el Ecuador se convirtieron en proveedores de materias primas”.

Aplaudimos que el Estado se proponga ser proactivo en el desarrollo industrial. Pero con ese diagnóstico no llegaremos muy lejos.

El documento ignora que en las últimas décadas se han industrializado los países asiáticos. Las empresas multinacionales trasladaron a China, Malasia y otros países fábricas que antes estaban en EE.UU., Europa Occidental y Japón. Proceso que no ha favorecido al Ecuador.

Tampoco se hace mención que con la desgravación arancelaria en Latinoamérica, las multinacionales ven a la región como un solo mercado. Antes producían en todos los países; hoy surten a la región desde pocas plantas, ubicadas preferentemente en Brasil y México, aunque también en Colombia y Argentina.

Es debido a ese fenómeno y no a “los intereses de las grandes potencias”, que el Ecuador perdió la industria que se instaló en los setenta gracias a la enorme protección y al crecimiento del mercado interno producto de la exportación petrolera.

Echarle la culpa a las grandes potencias, y no hacer un mea culpa de nuestros errores, es un mal comienzo para armar una política industrial.

Otro error es pensar que la industrialización pasa por las palabras y no por las acciones.

La primera línea estratégica es “articular la política industrial con las políticas de desarrollo, inversiones, social, tributaria, comercial, crediticia, financiera y artesanal”.

Se acaban de adoptar medidas comerciales, la restricción de las importaciones de productos terminados. Pero no hay ninguna articulación con la política industrial. Se incumple con la primera línea estratégica desde el primer día en que se la enuncia.

Las restricciones se aplican a todos los productos terminados, elevando los aranceles y colocando cuotas de importación. Adicionalmente, a las importaciones de los países latinoamericanos se les retira las preferencias de las que gozan. Pero, ¿es esto coyuntural? ¿Se restaurarán pronto las preferencias? ¿Quedará algún nivel de protección mas adelante?

La falta de definiciones desconcierta a las empresas multinacionales que traen esos productos de otros países latinoamericanos. Si hubiera una articulación de la política industrial con la comercial, así como con la tributaria (quizá condiciones en que se puedan conceder beneficios tributarios temporales), las multinacionales echarían números y en algunos casos concluirían que se justificaría abastecer al mercado ecuatoriano produciendo localmente, y no importando.

Pero sería un error iniciar hoy in proceso de inversión, y que para cuando la planta esté lista, se restauren las preferencias y nuevamente sea más conveniente importar.



 

 

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