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PERÚ: REVOLUCIÓN CAPITALISTA

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

Corría 1990: Mario Vargas Llosa triunfaba en la primera vuelta para suceder a Alan García en la presidencia del Perú. Cinco años antes García había triunfado a la cabeza del populista APRA ofreciendo un manejo económico heterodoxo.  Prosperidad y desarrollo sin esfuerzo. El suyo fue segundo gobierno populista en dos décadas; anteriormente hubo la dictadura del “cojo” Velasco Alvarado, entre cuyos logros estuvo la destrucción de la producción algodonera y azucarera del norte del Perú.

Se vivían momentos de hiperinflación, devaluación permanente –debió cambiarse dos veces la moneda quitándole ceros-  y crecía la pobreza. Vargas Llosa propuso seguir una línea liberal. A Perú, por su rivalidad con Chile, preocupa que su vecino se enrumbe a ser un país desarrollado, gracias a la consistencia de la política económica desde Pinochet a la fecha.

Con Vargas calificó  a la segunda vuelta un desconocido “chinito” profesor de agronomía que hacía campaña en tractor. Fujimori propuso continuar el populismo. Para despecho del gran novelista, el chinito ganó con el voto del la sierra profunda y las barriadas limeñas. Entonces en  mi columna lamenté cómo el Perú escogió tan mal.

Pero una cosa es con violín y otra con guitarra; el folclórico chinito resultó autoritario y dispuesto a convertir a Perú en el jaguar de América, émulo de los dragones asiáticos. Durante 10 años introdujo las mismas reformas que Salinas en México y Menem en Argentina. Perú privatizó, rechazó el proteccionista arancel andino y adoptó un arancel flat y bajo.

Cayó Fujimori por excesos vinculados al espionaje de Montesinos. Luego de un gobierno provisional subió un economista poco conocido, Alejandro Toledo, quien mantuvo y consolidó las reformas de Fujimori. Toledo no hizo un gobierno popular, pero Perú continuó creciendo.

Para suceder a Toledo en 2006 califican a la segunda vuelta Alan García y Ollanta Humala. Álvaro Vargas Llosa, hijo de Mario, se lamenta del suicidio, que tanto en el uno como en el otro caso, cometería el Perú.

Ganó García, pero ¡Oh sorpresa! Alan mantiene estricta adhesión al manejo económico ortodoxo: aprendió de  sus errores. Perú goza de reglas de juego para la inversión amigables y estables, crece al 8% anual sostenido.

La apertura y seguridad jurídica desarrollan al Perú; la brecha en la distribución de la riqueza se estrecha, busca demostrar, con cifras y testimonio,  un gran periodista limeño de opinión, Jaime De Althaus Guarderas, en “La Revolución Capitalista el Perú” (Fondo de Cultura Económica, 2007) que recién conocí a tiempo para leer durante el feriado.

De Althaus demuestra que la apertura, la minería y la agroindustria no han desindustrializado al Perú; todo lo contrario. La exportación agropecuaria como los espárragos, es de producto de alto precio que  incorpora tecnología; la industria ligera, como la textil, capta mercados externos y crea empleo; crece la industria siderúrgica para producir maquinaria para la minería.

Nuestros países marchan en direcciones contrarias: acá, la revolución es socialista. Si ambos países siguen su curso, dentro de una década sabremos si como el caso de Alemania y Corea, el capitalismo resultó triunfante, o si los Andes dan el primer éxito al socialismo.


 

 






 

 

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