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PRESIDENTE CONTROLA BANCA

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

La sucesión de triunfos electorales le permite al Presidente imponer su visión sobre cómo debería regularse el sistema financiero.

La Constitución que él impulsó priva al Banco Central de independencia, lo constituye en organismo ejecutor de las políticas del Ejecutivo, declara a las actividades financieras “de servicio público”, y se pronuncia contra el salvataje.

En el poder legislativo, el Presidente goza de amplia mayoría.

En manos del Presidente está para su firma una ley financiera aprobada por el legislativo y que él propuso. El mismo legislativo tramita un proyecto de ley tributaria en que constan medidas complementarias.

La crisis financiera internacional pone de relieve la necesidad de mayor supervisión sobre la banca por parte de las autoridades estatales: la coyuntura internacional le da razón a la intención presidencial. Pero la ley va más lejos, estableciendo el control absoluto del gobierno sobre el sector financiero.

Hoy tarifas y tasas de interés son fijadas por las autoridades, y el Estado determina si la banca puede repartir utilidades.

Con la nueva ley las autoridades administrarán el fondo de liquidez de los bancos. La ley recoge el anhelo del gobierno de fortalecer el sistema financiero latinoamericano, y establece que prioritariamente los dineros del fondo de liquidez debe invertirse en países de la región; los bancos no podrán objetar.

El proyecto tributario grava los depósitos que tengan los bancos en el exterior. Si los traen, se depositan en el Central, que a su vez mantiene sus depósitos en el exterior: la plata seguiría afuera, sólo cambia quién la administra.

Si algún banco incurre en problemas serios que superen la disponibilidad del fondo para atenderlos, el Banco Central podrá disponer una mayor contribución de los demás bancos al fondo de liquidez. En el caso de una crisis sistémica, se salvará al primero que caiga, pero los demás quedan debilitados.

Analistas internacionales califican al Ecuador junto con Argentina como los dos países más susceptibles en América Latina a la crisis internacional. El creciente déficit en la balanza comercial en cualquier momento comenzará a manifestarse en una reducción de la liquidez en la economía, incluyendo los depósitos bancarios. La banca luchará por mantener su liquidez, lo que implica la restricción del crédito.

La banca estima que ante el tsunami financiero que se nos avecina se le está privando de las herramientas para hacer frente a la crisis, y tendrá que depender de las decisiones que tome el Estado, en circunstancias que es ella la que tendrá que responder ante los depositantes por la utilización que se le da a su dinero.

En carta que se filtró a la prensa, tres banqueros de la capital le dicen al Presidente que están dispuestos a negociar la venta de sus instituciones al Estado. No se trata de una bravuconada: más de un banquero suspirará con alivio si puede venderle al Estado la empresa a un precio justo.

Ojalá el Presidente haga el esfuerzo de limpiar su ajetreada agenda por un par de días, y pondere, sin distracciones, cuál es la mejor estructura de supervisión bancaria para capear con éxito la crisis financiera internacional.


 

 






 

 

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