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INVERTIR EN HIDROCARBUROS
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
"Hay que iniciar ya un proceso que permita aumentar la producción petrolera para la próxima década".
El gobierno optó por recurrir a una ley, para captar al menos el 50 por ciento del excedente en los ingresos petroleros, producto del alza del petróleo. De las opciones disponibles, era la más rápida y de inmediato efecto; pero entre sus desventajas está que las empresas afectadas pueden impugnar la ley en el Tribunal Constitucional o recurrir a arbitraje internacional.
Si el gobierno sale airoso logrando que las compañías acaten y no impugnen la ley, habrá resuelto el tema de captar los ingresos más altos. Pero hay que ver lo relativo a la inversión.
Las reformas petroleras que aprobaron en el Congreso y el Gobierno para calcular el 50% de excedente, aplican un ajuste al gasto de acuerdo a la inflación al consumidor de los EE.UU.; no se descuenta de ese valor, montos a invertirse para aumentar o incluso mantener la producción.
Por lo que las compañías, en lo que resta del contrato, tenderán a invertir lo mínimo posible, y más bien a remitir utilidades. Por lo que las empresas que han sostenido el aumento en la producción petrolera en las dos últimas décadas, difícilmente mantendrán el ritmo de inversión.
Por otra, desde hace muchos años el Estado no convoca a la inversión privada en nuevas áreas. Desde mediados de los 80, todos los intentos de convocar a licitación internacional, o fracasaron, o rindieron mediocres resultados.
Se anuncia que se convocará a concurso para el campo ITT, que requiere USD 3 000 millones de inversión. Pero estará circunscrito a empresas estatales. Las mayores empresas petroleras del mundo son privadas, y el gobierno, para un proyecto tan complejo, para el que muy pocas empresas presentan la capacidad técnica y financiera para desarrollarlo, de un plumazo excluye a Exxon, Chevron, Shell y British Petroleum. Se arriesga a fracasar, o al menos, a no conseguir las mejores condiciones, si el concurso fuese abierto.
La reforma no tiene efecto sobre las compañías con campos marginales. Queda entonces esta ventana abierta, de contratar un mayor número de campos, de menor importancia para Petroecuador, con compañías privadas. El programa de campos marginales ha sido exitoso, pero como su nombre insinúa, no es una solución a fondo a las necesidades de ampliar la producción petrolera.
El gobierno entrante deberá actuar en dos frentes:
- Una restructuración a fondo de Petroecuador: constituirla en verdadera empresa petrolera. Permitir que la empresa retenga un determinado valor por cada barril de petróleo que produce, para que lo destine a la inversión. Los acontecimientos de Bolivia dejan en claro que en nuestros países no hay apoyo para una privatización de la industria petrolera: lo lógico es que co-existan una empresa estatal eficiente y empresas privadas, bajo un organismo estatal de control independiente de la petrolera estatal, titular de la propiedad del hidrocarburo, que se encargue de las concesiones internacionales.
- Sacar nuevas áreas para la exploración por petroleras privadas, y facilitar para que las empresas con áreas en el suroriente, puedan ejercer su labor.
El país no avanza en sus reformas estructurales; está a punto de quedarse sin TLC con los EE.UU., con lo que pierde terreno en relación a Colombia, Perú, Chile y Centroamérica; y el gasto corriente crece inconteniblemente. El país necesita ya iniciar el proceso que signifique un aumento en la producción petrolera para principios de la próxima década, y así disipar el fantasma de una crisis fiscal.