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ESCUELA DE CHICAGO
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
"En el Ecuador la escuela de Chicago que rige la economía no es la de Friedman, sino la de Al Capone."
Con su gobierno “se terminará la noche larga y triste del liberalismo”, anunció el presidente electo al recibir sus credenciales.
Debo haber tomado un somnífero fortísimo. Me habré quedado dormido a principios del 95 cuando el Vicepresidente Alberto Dahik impulsaba la apertura de la economía y denunciaba la corrupción en los organismos del Estado. Fue sólo una pesadilla el que lo destituyeran, y que se haya instaurado el sistemático saqueo de instituciones públicas en beneficio de privados con conexiones políticas.
Pero no. En nota más académica y menos retórica, el designado Secretario de Planificación, Fánder Falconí, declaró para este diario (19 de diciembre) que, “en términos teóricos el neoliberalismo implica dejar en libertad a los agentes económicos... pero en el Ecuador y en general en los países latinoamericanos no hay libre concurrencia y por eso existen monopolios y oligopolios”.
La economía de mercado se caracteriza por la libertad de funcionamiento sin excesiva intromisión del Estado; más aún en el neoliberalismo, para el que prácticamente toda regulación del Estado es excesiva.
La Heritage Foundation computa un índice de libertad económica. Entre 154 países, ocupamos el puesto 107, en pelotón cerrado con Argentina y Paraguay.
Las dos terceras partes de los países del mundo, bajo este índice, serían más neoliberales que el Ecuador, entre ellos Chile de Bachelet en 14 y el Brasil de Lula en 81.
El único sudamericano claramente a la zaga es Venezuela, penúltimo en 153. Sólo si la referencia es Venezuela, podemos tildarnos de neoliberales.
Para el funcionamiento eficiente de los mercados, es imprescindible una muy estricta supervisión por los organismos de control. Si los agentes económicos pueden salirse con la suya violando las reglas, el mercado es un caos, como un partido de fútbol en que el árbitro no pita nada y los jugadores lo saben.
El Foro Económico Mundial tiene un índice de competitividad, y un subíndice es la eficiencia del mercado. De 125 países, estamos en puesto 112, junto a Venezuela (110) y Bolivia (111). El consuelo es que estamos mejor que Uruguay (116) y Paraguay (121).
Una de las evidencias que el mercado no funciona es la corrupción. De los 156 países que escrutina Transparencia Internacional, somos 138: hemos perdido 21 puestos en un año: cada vez somos más corruptos. Chile está en puesto 20, Brasil, México y Perú empatan en 70.
Alguna vez se denunció que el país corría el peligro de “ugandización”, queriendo decir, el deterioro institucional. Uganda ahora está en puesto 105, empatada con Bolivia. A lo mejor en Uganda se habla del peligro de una “ecuatorianización”.
Si la corrupción es antitética al liberalismo, somos el país menos liberal de América Latina, empatados con Venezuela.
El neoliberalismo no ha existido. La escuela de Chicago que se ha impuesto en el país no es la de Milton Friedman, sino la de Al Capone.
Ecuador mantiene un sistema que premia la corrupción y castiga a los rectos y eficientes. Se nos anuncia el abandono del esfuerzo para corregir estas distorsiones, y a cambio seguir un rumbo que no sabemos adónde nos conduce.