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NUEVA GENERACIÓN

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"Hay sorprendentes similitudes entre Obama y Correa, pero mientras Obama busca consenso, Correa confronta."

Una nueva generación llega al poder en Ecuador y EE.UU. Sus presidentes muestran grandes similitudes.

Tanto Barack Obama de 47 años como Rafael Correa, 20 meses menor, suceden a líderes entre 15 y 20 años mayores.

Están mejor preparados que sus predecesores: Obama con lo mejor que ofrece los EE. UU.: doctorado en derecho de Harvard. Correa es el primer presidente del Ecuador con una exigente educación de primer mundo: maestría en Lovaina y Ph.D. de la Universidad del Illinois, ambos en Economía. Dominan situaciones que los políticos mayores consideran “técnicas” y comprenden vagamente.

Ambos se presentan como salidos de los rangos de los menos privilegiados, lo cual es verdad a medias. Cierto es, Obama es negro, y han transcurrido sólo 50 años desde que la discriminación racial es ilegal en toda la unión norteamericana. Pero su negritud es sólo de piel, no cultural, ya que fue criado por su familia materna, blanca; su formación es distinta a la de los líderes del movimiento negro de los EE.UU. Su identificación racial es fruto de una decisión suya de adulto.

Correa recalca las duras circunstancias de su niñez, pero culturalmente es de clase media alta; los valores y educación que recibió en su hogar son lo que le permitieron ascender vertiginosamente. Hay líderes empresariales de hoy que experimentaron una estrechez similar en la juventud.

Obama y Correa exhiben la sensibilidad de su generación por temas ambientales, de género y derechos de las minorías raciales. Obama nomina a una hispana para la Corte Suprema y promete incentivar las industrias “verdes”. En cuanto a Correa, estas sensibilidades son más marcadas en otros integrantes de Alianza País.

Barack y Rafael comparten una aversión a la variante del capitalismo vigente en los últimos 20 años, esto es desde que salieron con sus doctorados. Thatcher y Reagan capitanearon una economía de libre mercado en la cual el Estado es un estorbo para el desarrollo económico.

Ambos presidentes buscan fortalecer el papel del Estado en la economía. Estiman que la falta de regulación benefició desproporcionadamente a los más ricos, y que causó las crisis bancarias respectivas.

Pero hay una gran diferencia. Obama busca sumar apoyos para su tesis; que su visión sea el nuevo centro, como hizo Franklin Roosevelt durante la gran depresión en los 30.

Sea por razones ideológicas, de personalidad, o características propias del Ecuador, Correa en cambio busca la confrontación.

Al erigir en enemigos a los profesionales, comerciantes y empleados de empresas privadas que renuncian a la estabilidad del empleo público y aspiran a conformar un patrimonio, Correa arriesga que cuando surja una alternativa de gobierno, su propuesta sea enviar al tacho el legado de Correa.

 

 

 






 

 

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