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RADICALIZACIÓN
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
"La anunciada radicalización puede modernizarnos o convertirnos en un nuevo experimento socialista utópico."
Una vez reelecto, Rafael Correa anunció que el espaldarazo que recibió es para “profundizar los cambios, hacerlos más radicalmente”.
“Radical” igual que “revolución” es un vocablo prominente en el léxico político ecuatoriano; todos: derechos, populistas y zurdos, lo esgrimen con pericia, sin dar mayores precisiones.
Lo novedoso es que el presidente Correa ha concentrado poderes como no lo lograron ni siquiera las dictaduras del siglo XX. Tiene el apoyo popular y control institucional para “radicalizar” los cambios, como propone. Como nunca, el futuro del país depende de lo que una persona decida.
Lo preocupante es que tiene una chequera en blanco. No hay una noción definida sobre hasta dónde llevará la radicalización. La “revolución ciudadana” que encabeza cuenta en sus filas con cuadros de muy distintas expectativas:
- Los entusiastas de la modernización de la sociedad ecuatoriana, que desean ponerle fin a las costumbres e instituciones que subsisten de cuando el Ecuador era un país al margen de las grandes corrientes históricas; acortar distancias con los países que se perciben como más avanzados;
- Los socialistas utópicos que buscan replicar en el Ecuador los experimentos tantas veces fracasados en otras latitudes, con la expectativa que esta vez den buen resultado por las variantes a introducirse.
Las declaraciones del Presidente van en el sentido del socialismo utópico, pero los ejemplos de radicalización que ofreció para explicar los conceptos arriba citados son igualmente compatibles con la modernización.
El primer ejemplo de radicalización que ofreció es la ley de empresas públicas. Si bien el socialismo soviético se basa en la propiedad estatal de los medios de producción, el modelo de economía social de mercado de la socialdemocracia requiere que en el mercado coexistan empresas públicas y privadas, tendiendo las empresas “estratégicas” a ser estatales. Más aún, en un país donde las empresas “estratégicas” de ser privadas, serían extranjeras.
El segundo, “rescate del sector solidario”. Una crisis “neoliberal” a países de menor desarrollo como el Ecuador es que su atraso se debe a las trabas al ingreso de nuevos actores a la producción; que el subdesarrollo se debe a que las élites económicas utilizan el intervencionismo estatal y la maraña regulatoria para impedir que surjan competidores. El peruano Hernando de Soto es el más influyente cultor de este pensamiento en Latinoamérica.
A esto sumamos la primera iniciativa de política pública después del 26 de abril: introducir el concepto de rendición de cuentas por parte de los maestros; se premiará a los mejores, se obligará la capacitación de quienes reprueben. La modernización comienza con la educación.
Correa: ¿modernizador o socialista utópico?