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DESPUÉS DEL 26

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"A partir del 26 de abril sabremos si el gobierno mantiene su línea radical u opta por la moderación."

De obtener más del 40 por ciento de los votos el 26 de abril, y si su seguidor más cercano está a más de 10 puntos porcentuales de distancia, el Presidente Correa iniciaría un nuevo cuatrienio luego de haber truncado el primero en 2 años y 3 meses.

Ésta sería la sexta elección general de los últimos tres años, y de no ser necesaria la segunda vuelta, la última programada hasta de aquí a 4 años. Hemos estado inmersos en una prologadísima campaña presidencial; hemos tenido más candidato que presidente.

¿Cuál Rafael Correa prevalecerá una vez que las elecciones queden atrás?

¿Mantendrá el Presidente su actual rumbo, enfrentando y buscando minimizar a las instituciones que tienen credibilidad ante la población e independencia ante el gobierno, como la Iglesia, los medios de comunicación, las organizaciones que agrupan a los empresarios?

¿Continuará proponiendo un sistema de organización económica en que las actividades productivas que requieren gran inversión se incorporan al sector estatal de la economía, y las que no, se transfieren a las cooperativas y microempresas, buscando minimizar el papel de las empresas de capital en la producción?

¿Seguirán multiplicándose los subsidios?

De ser así, continuaríamos en la senda del chavismo, con dos diferencias:

- No tendríamos los profundos bolsillos de Chávez, dueño de la principal exportación petrolera del hemisferio occidental;

- El Presidente venezolano tiene dominio absoluto sobre las organizaciones que se autodenominan ser el pueblo organizado. Aquí las ONGs mantienen una dosis de independencia.

Pero un cambio de curso por parte del Presidente es posible. Habiendo captado el poder político absoluto, el principal peligro que enfrentaría sería el colapso económico. A diferencia de Venezuela, la renta petrolera no puede suplir el desbarajuste institucional.

En este extenso período electoral el Presidente Correa ha tenido la buena fortuna de contar con un precio del petróleo en alza sostenida, que le permitió inyectar mucho dinero a la economía; la dolarización, que impidió que el deteriorado clima de negocios resulte en inestabilidad cambiaria, y la debilidad del dólar, que restauró a los exportadores privados la competitividad perdida por las políticas públicas.

Pero lo anterior dio un giro en los últimos seis meses: el precio del crudo ha bajado, se acabaron los ingresos fiscales; el dólar se ha recuperado; las exportaciones privadas caen. Hoy crece el desempleo, caen las operaciones y depósitos bancarios.

El gobierno necesitaría la reactivación de la inversión privada, lo que requeriría que respete los derechos de propiedad, reconozca la legitimidad de los ingresos empresariales, y vele por que las políticas públicas no atenten contra la competitividad de la producción privada.


 

 






 

 

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