Para acceder a Análisis Semanal, ingrese su usuario y clave.
Si no tiene una clave suscríbase ahora.
¿Olvidó su clave? Haga click aquí.

MÁS PROFUNDIDAD
Por MELISA SPURRIER
Clases de biología, valores, matemáticas, literatura, filosofía, computación, historia, cultura física, geografía, etc., etc., es increíble la cantidad de materias que los estudiantes de secundaria deben cursar cada año lectivo. Aparte de esto, asombra la cantidad de contenidos que debe cubrir cada una de ellas.
Son tantos, que en la mayoría de los casos, por tiempo, solo es posible repasarlos superficialmente. Esta revisión no permite desarrollar aprendizajes significativos y limita la posibilidad de aplicar los conocimientos en actividades prácticas.
Debido a esto, muchos alumnos estudiosos tienen a recurrir a la memorización para lograr una buena nota. Pero, ¿de qué sirve pasarse horas memorizando información que en poco tiempo se pierde? ¿Para qué sirve conocer un hecho sino se lo entiende? Los jóvenes deben aplicar los conocimientos que aprenden no solo para contestar preguntas en una prueba, sino para relacionarla con hechos actuales, resolver casos prácticos o desarrollar proyectos similares a los que se dan en la vida laboral.
Esta situación requiere considerar tres aspectos:
(1) análisis de la posibilidad de disminuir el número de materias en la secundaria (en las universidades tienden a verse solo cinco o seis por semestre).
(2) actualización constante de los maestros en su área de especialidad, ya sea sociales, matemáticas, historia, etc.
(3) capacitación docente en estrategias activas de enseñanza. Algunos temas que deben ser tratados son: ¿cómo enseñar a los alumnos a analizar una situación?, ¿cómo elaborar casos prácticos?, ¿cómo desarrollar creatividad en cada materia? ¿Cómo enseñar a investigar? Casi todos los maestros saben que no hay que enseñar a memorizar sino a promover el desarrollo del pensamiento; el gran desafío es cómo hacerlo.