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BUEN (A) PROFESOR (A)
Por MELISA SPURRIER
Pregunto: ¿quién ha sido tu mejor profesor(a)? y no me refiero al más simpático, al “buena gente”, al que tomaba pruebas “regaladas”, sino con quien más aprendiste. Es muy probable que aquel profesor que recuerdas preparaba con esmero sus clases, organizaba actividades interesantes, tenía un compromiso genuino por cada estudiante aprendiera y era exigente en los exámenes y con el cumplimiento de trabajos. Probablemente mientras fuiste su alumno, te molestó que tomara justo esa pregunta que no estudiaste, que te evaluará continuamente o te mandara trabajos para leer mucho y pensar. Tal vez no obtuviste con él tus mejores calificaciones.
Ser un buen profesor es difícil, puesto que hay estudiantes que esperan aprobar las materias con poco esfuerzo. Se quejan al tener mucho que es poco esfuerzo. Se quejan al tener mucho que estudiar y reclaman si no obtienen la calificación que esperan. Si están en riesgo de perder la materia, buscan al docente hasta en su casa para pedirle un punto más. Varios maestros tratan de evitar este malestar optando por ceder a las presiones de los alumnos. Les mandan pocos trabajos, perdonan el incumplimiento de las tareas o les toman “pruebas” fáciles. Estos profesores “buena gente” gozan de la simpatía de muchos alumnos mientras dura la clase, pero pronto quedan en el olvido por no haber contribuido a su formación.
Los maestros exigentes, en cambio, reciben el reconocimiento después, a veces toma uno o varios años, pero tienden a quedar en la mente de los estudiantes por siempre. Felicito a los profesores que mantienen su profesionalismo y exigencia a pesar de la corriente que los tienta a ceder, en pos del aprendizaje y el futuro de sus alumnos.