RELACIONES EN CRISIS
Por Melissa Spurrier
“En los últimos diez años, los casos de divorcios aumentaron el 40%.” Así inicia un artículo publicado el pasado domingo, en un reconocido diario de la ciudad.
Por su parte, los gerentes de ciertas empresas, no cesan de comentar: “Los empleados no saben trabajar en equipo, cada uno tira para su molino.”
¿Qué está sucediendo? ¿Acaso somos menos tolerantes que nuestros antecesores? ¿Qué hacer ante tanta relación conflictiva? Ante esta situación hay dos posibilidades: la primera, evitar relacionarnos y renunciar al trabajo en equipo, o la otra: aprender a vivir en sociedad.
Ambas alternativas tienen aspectos deseables e indeseables. La primera nos “salva” de tener que llegar a consensos con las otras personas y por ende evitar el estrés que conlleva compartir con los otros. Sin embargo, nos priva de las alegrías de contar con un compañero, una amiga, de realizar un proyecto productivo.
La segunda alternativa: la de aprender a convivir, nos proporciona la oportunidad de contar con manos amigas, de querer y de ser queridos. Mientras que trabajar en equipo efectivamente, nos permite ser más productivos, lo que ha largo plazo nos puede traer mayores ganancias y satisfacciones. Sin embargo, el optar por compartir nos exige aprender a perdonar, renunciar, discrepar, conciliar. Estas renuncias y discrepancias no están libres de momentos tensos.
Por mi parte, si tengo que elegir, me quedo con esta última, la de aprender a compartir, aunque estoy consciente que no es fácil. Espero que usted también. Antes de concluir, incluyo algunas recomendaciones que aspiro ayuden a mejorar sus relaciones con las otras personas, tanto en su vida personal como laboral. Recuerde que:
-Cada persona tiene su manera de ser, difícilmente va a poderla cambiar totalmente y tiene derecho a ser reconocida y respetada como es.
-Toda persona debe reconocer sus propias características para que en su relación con los demás, pueda adaptarlas y estas se tornen más armónicas.
-Es importante aprender a ponerse en la piel del otro y pensar. ¿qué me gustaría que hiciera alguien que yo pienso que me ofendió?.
-Finalmente, en ciertos casos, hay que aprender a decir “lo siento”, sin defenderse o justificar por qué lo hizo. Eso facilita que no se acumulen resentimientos y hace que la comunicación fluya.



