PRIMERA VEZ

Melisa Spurrier

¿Tiene un hijo(a) de 3, 4 o 5 años?  Si es así, es muy probable que pronto inicie su vida estudiantil. ¿Está nerviso (a)?   Puede ser, especialmente si siente que su hijo (a) es de temperamento introvertido y le ha manifestado poco interés por asistir al preescolar.  Ante esto le digo, tranquilícese, usted no es el primero ni único padre que experimenta cierta ansiedad ante el primer día de clase de su hijo (a). 

Estos días previos al primer día de clase, aproveche para hacer cosas con su hijo (a): compren juntos el uniforme y los materiales.  También, utilice este tiempo para explicarle por qué lo envían a la escuela; entusiásmelo con la idea de que hará más amigos y aprenderá muchas cosas nuevas e interesantes de las que podrán conversar a su regreso a casa.  Cuando le explique sobre el significado de la escuela, hágalo de forma natural, pues como indica la psicóloga Tania Donoso ‘no es conveniente sentar al niño especialmente para hablarle al respecto, ni tampoco centrar todas las conversaciones familiares en ello, ya que la vida del niño no se reduce solo al hecho de que comenzará su etapa escolar.  Transformar el primer día de clase en un evento de dimensiones es cargar demasiada presión sobre un pequeño.’

La primera semana de clase es por lo general la más difícil para un niño que recién empieza su etapa escolar, por lo que es probable que su hijo de mil excusas para no ir, como: ‘no me quiero perder el programa de las 8H00 o me duele la cabeza.’  No subestime estos dolores, pueden ser ciertos, productos de la tensión, pero no causa suficiente como para que el niño deje de ir a la escuela.  Durante esta primera semana, lleve a su hijo (a) al preescolar y si es posible, déjelo con la profesora, luego prometa recogerlo y cúmplalo.  Si ambos padres pueden hacerlo, mejor.   Al final de la jornada escolar muéstrese interesado (a) por lo que sucedió dicho día y siga motivándolo positivamente.  A la mayoría de los niños les toma una o dos semanas adaptarse, si el tiempo se prolonga, acuda a un psicólogo.